Otras capillas

LA CATEDRAL

Otras Capillas

 

Capilla de la Milagrosa o Baptisterio

Debe su nombre actual a la imagen de la Virgen de la Milagrosa que se halla su interior. Cabe resaltar su retablo, fechable en el siglo XVIII.

En esta capilla se administraba el sacramento del bautismo hasta bien entrado el siglo XII, como lo demuestra su pila bautismal. El bautismo es el sacramento de la iniciación cristiana, el primero de los sacramentos de la iglesia. Por él entramos a formar parte de la Iglesia y nos reconocemos hijos de Dios.

 

Capilla del Cristo de las Aguas

En esta capilla se puede contemplar la devota y milagrosa talla del Cristo de las Aguas. Muy querida y sentida por el pueblo astorgano.

Según el erudito profesor granadino Gómez Moreno, esta soberbia escultura de tamaño natural se puede datar dentro del siglo XIV. A diferencia del estilo románico, el Cristo aparece más alargado y se curva finamente. El paño de pureza se pliega en numerosos pliegues, dando lugar al denominado estilo internacional.

La cruz que porta a Jesús es muy posterior pues se adaptó para que fuera procesional. En más de una ocasión ha presidido el altar mayor de la catedral, en diferentes acontecimientos señeros de la vida eclesial astorgana.

 

Capilla del Retablo Hispanoflamenco

En esta capilla se encuentra uno de los retablos más destacados de la catedral, motivado muy especialmente por sus colores vivos y la maestría y exquisitez de todos sus detalles. Este retablo también es llamado de San Miguel por la presidencia de una talla de dicho Arcangel en la hornacina central superior una talla de dicho Arcángel. Hoy la preside una Inmaculada de finales del siglo XVI.

Según el profesor Gómez Moreno, el anónimo autor debió de pertenecer a la escuela de Juan de Borgoña. Aunque también otros señalan a Juan de Flandes, pintor de los Reyes Católicos, o Fernando Gallego como posibles autores. Lo que está claro es su estilo hispanoflamenco, como se aprecia en su composición clara y espaciosa, el encuadre en arquitectura, colorido y detalles en rostros, atuendos, ropajes… Los paisajes, en distintos planos, se abren a horizontes infinitos.

La traza arquitectónica del retablo es de estilo plateresco, conservando también algunos elementos góticos, como los doseletes que cubren las escenas. La división entre las calles está definida por columnas con motivos en relieve de fina talla lombarda, terminadas por capiteles con motivos vegetales.

La pintura es narrativa y sigue un orden cronológico de escenas evangélicas, reproduciendo el ciclo de la Pasión desde el beso de Judas hasta la sepultura del Señor.

 

Capilla de San Lorenzo

Esta capilla sorprende por su monumental y majestuoso retablo de estilo Churrigueresco en el que se combinan las columnas salomónicas con las ajarronadas propias del barroco leonés.

En la hornacina central destaca la imagen de San Lorenzo diácono de la iglesia de Roma, martirizado tras la persecución del emperador Valeriano en el siglo III y condenado a morir a fuego lento, como simboliza la parrilla.

 

Capilla de San José

En esta capilla predomina el gran retablo barroco de tipo tetrástilo. Fue encargado por el Magistral don José de Urzúa para dedicarlo a su patrono el santo Patriarca y Esposo de la Virgen, San José. La inscripción que aparece en la predela lo data en 1699.

Junto al retablo resalta la soberbia imagen de San José que lleva al Niño Jesús de la mano, siguiendo claramente los cánones barrocos. Está atribuido al escultor vallisoletano José de Rozas.

 

Capilla de San Miguel

Aquí se puede observar otro de los grandes retablos de la catedral, el del Arcángel San Miguel. Es el más fino de los retablos de estilo rococó en cuanto a dorado y delicadeza de su talla, está fechado a mediados del siglo XVIII. También aquí es donde estuvo emplazado el retablo hispanoflamenco.

En reducidas dimensiones el retablo presenta una traza de las denominadas clásicas, es decir, división horizontal en tres partes banco o parte baja y dos cuerpos más superpuestos. En sentido vertical consta de una sola calle.

Puede contemplar una armonía y equilibrio sin los excesos tan frecuentes en el barroco castellano. Es ligero, dinámico y de espectacularidad casi escenográfica por los cuatro planos señalados.

La imagen de San Miguel ocupa la hornacina central con un gran dinamismo y movilidad.
En la parte superior destaca la imagen de la Virgen del Rosario fechada en el siglo XVIII.

Justo encima de esta capilla se puede ver una de las vidrieras más destacadas de la catedral. Está fechada en 1525 y su autor fue Arnao de Vergara. Destaca el colorido de los amarillos-plata en contraste con los rojos y azules.

 

Capilla de San Juan Bautista

El retablo de esta capilla data del siglo XVII y fue donado por el canónigo chantre, don Juan Ramos.

En la hornacina central se encuentra san Juan Bautista, profeta más grande nacido de mujer y Precursor del Señor, al cual bautiza en el río Jordán.

Esta escultura del maestro gallego Mateo del Prado, realizada en pleno siglo XVII, resalta por su maestría barroca. El escultor trabaja magistralmente el desnudo: tórax, brazos y piernas, en exaltación descriptiva de sobresaliente veracidad.

Justo detrás de San Juan Bautista se sitúan una gran cantidad de animales, troncos y frondas, que enmarcan la figura. Este trabajo fue realizado por el escultor villafranquino Pedro del Valle en 1664.

Las pinturas que aparecen en sendos laterales pertenecen a dos pintores ponferradinos: Juan Antonio Delgado y José de Alces. Representan la vida del santo Precursor.

 

Capilla de San Jerónimo penitente

Esta capilla está presidida por un monumental retablo, regalo del obispo Fray Nicolás de Madrid en el siglo XVII. En la hornacina central destaca la impresionante representación del San Jerónimo, no con atuendos cardenalicios, sino como asceta penitente en el desierto de Calcis. Una soberbia obra de Mateo del Prado.

El profesor Martín González la apellidó “laocontestesca” a esta dramática composición. Resalta sobremanera el magistral estudio de la cabeza que, junto con la excelente labor de la policromía, mate en las encarnaciones, contrasta con el tono vivísimo del manto rojo, orla dorada y trabajos esgrafiados.

Las pinturas aluden a San Jerónimo y sus monjes.

 

Capilla de la Inmaculada

El retablo de esta capilla fue encargado en 1627 por Mexía de Tovar. El maestro arquitecto Francisco Ruiz se encargó de su ensamblaje. Este retablo consta de un banco de talla y pintura, un gran cuerpo con seis columnas entorchadas y lienzos que rodean la hornacina central donde destaca la Purísima.

La bella imagen de la Purísima es obra del insigne escultor castellano Gregorio Fernández; esta obra corresponde a los años de madurez del artista. En ella se pueden apreciar todas las características de la Inmaculada Concepción.

La Purísima de Gregorio Fernández señala la fecha cumbre de la devoción astorgana a la Inmaculada, devoción que tiene hondas y viejas raíces tradicionales. La presencia secular de la orden franciscana contribuyó sin duda a su extensión, arraigo y florecimiento.

 

Capilla Santiago peregrino

En la capilla de Santiago peregrino se puede observar un retablo barroco de grandes proporciones fechado en el siglo XVII. Fue mandado construir por los hermanos Pedro y Juan de Herrera Moreno Álvarez de Miranda, canónigos de esta catedral.

Resaltar el soberbio Santiago peregrino que se muestra en el centro del retablo. Es una talla en madera policromada que representa al santo, con el bordón, las vieiras, el libro y la bolsa. Fue donada por un devoto anónimo a la catedral.

 

Capilla de Santa Teresa de Jesús

En la hornacina central se puede contemplar la imagen de Santa Teresa de Jesús en bulto redondo, se presenta como escritora y como doctora de la iglesia, asistida por el Espíritu Santo en forma de paloma. En sus manos porta la pluma y el libro.

El programa iconográfico del retablo es muy original, reivindicativo y glorificador de la obra reformadora de Santa Teresa, tan discutida y criticada en vida.

El banco del retablo está compuesto por cinco pinturas sobre tabla en las que se representa a los cuatro doctores máximos de la iglesia latina, de izquierda a derecha: San Jerónimo, San Gregorio, San Ambrosio y San Agustín. En las dos pequeñas calles laterales, cuatro lienzos flanquean la hornacina central, donde se representan santas fundadoras que acompañan a Santa Teresa.

 

Capilla de María Magdalena

En esta capilla se puede observar un soberbio retablo de estilo churrigueresco datado en el siglo XVIII. En él se alternan las columnas salomónicas con las ajarronadas leonesas.

En la hornacina central, la Magdalena penitente está rodeada de motivos escenográficos naturalistas. En el ático, bajo arco trilobulado, la bella imagen policromada y barroca de San Juan Evangelista.

 

Capilla Virgen del Pilar

La capilla de la Virgen del Pilar está presidida por su gracioso y armonioso retablo de estilo rococó fechado en el siglo XVIII. Destaca sobremanera la delicada factura de la Virgen y el Niño sobre la columna, en la cual aparece en forma de paloma el Espíritu Santo.

Esta hornacina fue mandada erigir por el canónigo don Manuel Francisco Campelo, convirtiéndola también en su túmulo funerario.

 

Capilla de San Blas

Por otra parte, en la capilla de San Blas, cabe destacar la hornacina enmarcada en el trascoro que está frente al arco valiente de Gil de Hontañón. Hasta 1955 la imagen que presidía esta hornacina era la del Santo Obispo de Sebaste, en dicho año el cabildo decidió colocar la actual imagen de San Blas fechada en el siglo XVIII.

Cabe destacar la gran devoción de los astorganos a San Blas. Cada 3 de febrero, día de su onomástica, son miles de fieles los que acuden a venerarlo.

 

Capilla Virgen del pajarito

En el arcosolio del trascoro y frente a la capilla de Santiago, se alza un gracioso retablo barroco que lleva en su profunda hornacina central una Virgen gótica de piedra policromada perteneciente al siglo XIV, bajo la advocación del pajarito (que se encuentra en su mano derecha).

 

Capilla Virgen de Guadalupe

Frente a la capilla de Santa Teresa, en el siguiente arcosolio y sobre un soberbio retablo rococó del siglo XVIII., se venera a la Virgen de Guadalupe, de gran devoción mexicana.

La tabla pintada representa fielmente la milagrosa advocación mexicana del Tepeyac. En la parte inferior, en pequeños óvalos, se reproducen las secuencias de la historia del indio Juan Diego que fue beatificado bajo el pontificado de Juan Pablo II.

El origen de esta devoción en Astorga proviene del deán don Miguel Fernández Cacho, nacido en México.

En la parte superior del retablo y en el centro, un Niño Jesús de la Pasión del siglo XVIII, muy expresivo e interesante.